La Revolución Cubana, Historia de un Pueblo Combativo
Introducción
El siguiente ensayo tiene por objetivo analizar de una manera Crítica el proceso de la Revolución en Cuba, tomando en consideración la historia de este Pueblo, desde su tardía emancipación hasta las actuales sendas de la Revolución. Analizare las luchas del pueblo cubano en su conjunto, sin tomar; a menos de que sea estrictamente necesario, las figuras impuestas como íconos en el proceso revolucionario (lease Guevara, Martí, Castro, etc..). Con esto no quiero desmerecer la vital importancia de estos hombres en el proceso de autodeterminación Antiimperialista del pueblo cubano, pero hay que considerar que la historia las hacen los pueblos. Cabe destacar también que esta glorificación de los “próceres de la lucha revolucionaria cubana” ha servido para alimentar la ideología del pueblo y que tampoco se han tomado en cuenta las tareas o desafíos políticos que personas como Ernesto Guevara planteó a la Revolución.
Además se tendrá en consideración la gestación del Estado Obrero Deformado. Digo esto por que, al igual que en la URSS, el posterior desarrollo de la revolución se dejó manejar por intereses personales y contrarrevolucionarios. Aludiendo al término de Trotsky, la lucha de clases no se erradico totalmente, existe una nueva clase social que es LA BUROCRACIA, la cual maneja los rumbos del Estado y no da la posibilidad a la clase obrera-campesina a su AUTODETERMINACIÓN. Cabe señalar que mientras Fidel y sus amigos optaban por medidas características de un dictador más se estrechaban sus lazos con la URSS Stalinista.
Otro punto en el ensayo es la Economía Cubana, su desarrollo desde 1959 hasta la actualidad, como ha ido desformándose ésta en el tiempo y como en la última década ha ido transando con el Imperialismo Capitalista.
Quiero excusarme del porque no escribí de los logros de la revolución en el plano social, educacional, de Salud, etc… pero creo que eso es de una relevancia menor a lo que puede y debe ser una organización política de trabajadores al interior de un Estado Obrero.
Esperando que les sea de su agrado, especialmente del evaluador, les presento el ensayo titulado “La Revolución cubana, Análisis de un Pueblo Combativo”.
Antecedentes Históricos de la Revolución Cubana
1868-1878: LA TARDÍA EMANCIPACIÓN
La historia de Cuba moderna comienza en la segunda mitad del siglo XIX, donde se comienza a gestar la estructura económica y a moldear las características de sus Clases dominantes. Cuba llegó a ser, en estos tiempos, el mayor principal productor de azúcar del mundo y EEUU su principal comprador. El desarrollo capitalista cubano del siglo XIX estaba signado por la particularidad de darse en torno la combinación del trabajo libre asalariado y la mano de obra esclava. “Como sociedad esclavista colonial sometida al yugo español, Cuba experimentó un notorio desarrollo de sus fuerzas productivas bajo el flujo financiero y tecnológico del capitalismo mundial. En esa etapa (primera mitad del siglo XIX) el impacto del capitalismo mundial actuó de manera paradójica, porque en lugar de provocar la crisis del Esclavismo, impulsó este modo de producción hasta límites sin precedentes. Paulatinamente, Cuba fue introduciéndose aún más en el Capitalismo Mundial lo que dio por consecuencia el ocaso del régimen existente. Mientras que la organización del trabajo se hacía según patrones esclavistas, el financiamiento, la tecnología productiva y la comercialización obedecían a los impulsos y necesidades del sistema capitalista en plena expansión.”
Es esta contradicción la disparadora de la Primera Guerra de la Independencia entre 1868 y 1878. El hecho que Cuba haya iniciado tardíamente la lucha por la autonomía nacional se explica por el temor de la esclavista oligarquía cubana del sector Oriente (La Habana, Matanzas, etc) a la inseguridad en un plano económico, ya que el Imperio Español les aseguraba un acceso al mercado Mundial. Cabe destacar también que existía un leve temor a que se repitiera lo sucedido en Haití, La Revolución Negra de finales del siglo XVIII, razón por la cual Cuba no participó, como otros países de América, en el proceso independentista de principios del siglo XIX. Además de todos estos factores hay que agregar la incapacidad de los hacendados del Oriente, quienes no pudieron hacer frente al reto de la mecanización, no contaban con el capital, ni con la mano de obra esclava que venía en decadencia. Para este sector era inevitable la independencia, esperando de esta no sólo deshacerse de la metrópoli, sino que hacerse del Estado y así manejar una política que anulara las desventajas producidas en el proceso de tecnificación. Para ello, la oligarquía terrateniente implementó una serie de medidas populistas para engrosar las filas del ejército patriota, como liberar a esclavos y dar una falsa propuesta de reivindicación social. Luego de diez de años de lucha, esta insurrección no pudo convertirse en un movimiento nacional, principalmente por la incapacidad de sobrepasar al ejército realista, que en ese tiempo contaba con el apoyo de EEUU, y por la caprichosa postura del Occidente capitalista que prefería estar bajo el yugo Colonial antes de perder su contacto económico con las superpotencias. Así, los hacendado de Oriente prefirieron firmar las paz, conformándose con una efímera autonomía y la creación de partidos políticos, dejando al campesinado librados a su suerte, quienes fueron la base de este movimiento. La primera guerra contra el dominio español, desnudó la naturaleza cobarde de la Alta Burguesía Cubana.
1895-1898: DE MARTÍ A LA ENMIENDA PLATT
La estructura económica cubana terminará de ser modificada en la segunda mitad del siglo XIX. Es el momento en que el proletariado empieza a constituirse en una fuerza social. La posta de la lucha nacional pasará a manos de la pequeña burguesía liberal, a sus más lúcidos intelectuales, los cuales emulando ciertas formas Jacobinas encararon la gesta emancipadora. Así se fundó el Partido Revolucionario Cubano, participando en este el poeta José Martí, el cual encabezará la Segunda Guerra de Independencia en 1895. Esta Guerra constituye un auténtico movimiento de rebelión popular, donde confluyen las masas trabajadoras- influenciadas por Anarquistas- que apoyan abiertamente al ejercito libertador y al PRC, los afrocubanos, peones y pequeños propietarios, campesinos tabacaleros y la pequeña burguesía urbana. En el programa de este movimiento se sintetizan la lucha independentista con demandas sociales de los sectores oprimidos. Esta lucha comienza cuando ya en el mundo se empieza a configurar el domino de monopolios y EEUU emerge como potencia imperialista.
A Martí le cabe el mérito de comprender el problema de América Latina. Su visión le llevo a entender la lucha cubana como una lucha antiimperialista. Para él la lucha latinoamericana y la libertad de los pueblos de este continente pasaba por una independencia del Norte Opresor, de EEUU. Indudablemente esta visión tenía un carácter progresista, al igual como el rol de las clases populares en el proceso de independencia (similar a los Jacobinos). Pero a pesar de estas propuestas, Martí no era partidario de una revolución de clases, ni de un Estado Proletario, pretendía mas bien, una justicia en el reparto social. Su política era ganarse a los hacendados para así conformar un frente contra el ocupante español.
Muerto Martí, la dirección del PRC cambiará su orientación “revolucionaria” y subordinará al movimiento revolucionario a la burguesía local, quienes claman por la intervención de EEUU en la guerra. Por su parte, la masa proletaria, que como dije era influenciada por los móviles de la burguesía (los anarquistas), carece de una madurez política independiente para imponer sus reivindicaciones. Pese a sus limitaciones de clase, Martí logra impregnar en la sociedad cubana la visión antiimperialista y social, sobre todo en sus clases medias.
Luego de su independencia, en 1901, Cuba pasa de ser un estado Colonial, a un País “independiente” Neocolonial, bajo la tutela de EEUU. La enmienda Platt, las intervenciones yanquis y la dependencia económica de las exportaciones del azúcar al mercado americano configurarán las primeras décadas de la joven república.
1933: EL FANTASMA DEL PROLETARIADO
Las repercusiones de la crisis del 29 y la caída del precio del Azúcar generan en Cuba un marasmo económico. En 1933 se inicia una de las mas grandes revoluciones en Centroamérica, fue el punto más alto de las luchas antiimperialistas y revolucionarias de la década del ’30 (Basta ver el Movimiento encabezado por Sandino en Nicaragua contra el invasor yanqui, o la revolución salvadoreña).
La Huelga general indefinida decretada por el Congreso Nacional de Obreros Cubanos y la Federación Obrera de la Habana, influenciada por los verdaderos marxistas, los TROTSKYSTAS, derriba la dictadura del asesino Gerardo Machado, apodado “asno con Garras” o el “Carnicero”. La revolución da Origen al gobierno nacionalista de Grau San Martín y Antonio Guiteras, que deroga la enmienda Platt, otorga libertad democrática y de organización obrera, suspende la deuda externa, otorga autonomía universitaria y la jornada de trabajo de 8 horas. Dicho gobierno cae en manos del Sargento Fulgencio Batista, enfrentando las masas populares, al campesinado y a la pequeña burguesía. Esta contrarrevolución contó con el abierto apoyo de EEUU.
El movimiento obrero, por su parte, es dividido por la criminal política de los stalinnistas que en medio de su orientación del “Tercer período” se negaron a tener una política de defensa del gobierno nacionalista frente a la contrarrevolución, y los sectores que se disolvieron detrás del guiterismo y su movimiento Joven Cuba, entre ellos la mayoría de dirigentes del trotskysmo cubano. La clase obrera, que en el transcurso de esta revolución llegó a poner en pie soviets, careció de una política independiente que le permitiera hegemonizar al movimiento, siendo éste dirigido por sectores radicales de la pequeña burguesía.
LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA
El proceso que lleva a la caída de la dictadura del ex sargento del ejército Fulgencio Batista, comienza a gestarse a los pocos años de haber consumado su golpe palaciego. En él confluyeron diversas formas de lucha, tanto del campesinado de la Sierra Maestra, como de la pecunia burguesía urbana y la clase obrera. También se manifestó en forma temprana el pase a la oposición de sectores de la burguesía no azucarera. Esta confluencia de intereses de las distintas clases sociales fue erosionando aceleradamente la base social del régimen. Mientras tanto, en EEUU, sectores influyentes de la prensa liberal, “horrorizados” con el accionar represivo de la dictadura, empezaron a observar con simpatía el accionar de los “Barbudos” de Fidel Castro. Finalmente el Departamento de Estado ante el enorme ascenso de masas le soltará la mano a Batista, lo que permitirá su pronta caída. El 10 de Marzo de 1952, Batista encabeza un golpe de estado preventivo que lo lleva al poder alentado por el imperialismo yanqui. El “hombre fuerte” de Cuba realiza el llamado “madrugazo” para impedir el seguro triunfo en las elecciones de ese año de Roberto Agramonte candidato del Partido del Pueblo (Ortodoxo).
El objetivo del golpe era, por un lado, poner un poco de orden ante la imagen de ingobernabilidad que existía en la política nacional, producto del enfrentamiento de las camarillas capitalistas y del alto grado de corrupción en la entonces “democrática” Cuba. Y por el otro, el temor que le causaba a las clases dominantes y al imperialismo, no tanto las propuestas políticas y económicas de los Ortodoxos, como el descontento creciente de la juventud y la pequeña burguesía cubana, que veían en este partido la continuidad del “guiterismo” y su retórica nacionalista. Aunque esta no era su perspectiva, y no pensaba de ser más que una oposición democrática, cuyo fantasma preocupaba al imperialismo y las clases dominantes cubanas.
Batista contaba con el apoyo incondicional del ejército y la complicidad de la burguesía que, sin embargo, no se alinea con el nuevo gobierno, expresándose esta ubicación en la oposición de los partidos hegemónicos de la burguesía, aunque no hicieran nada para enfrentarlo.
La base del descontento popular radicaba en la particular situación económica del país. En la segunda postguerra la demanda de azúcar cubano en el mercado externo comenzó a decrecer. Esta trajo la reducción de los tiempos en la zafra y el desempleo masivo en el campo y en la industria, a su vez imposibilitó al país la adquisición de artículos básicos de consumo, principalmente en el mercado yanqui. La crisis económica será el telón de fondo de todo el periodo de la dictadura de Batista.
“Quién encabeza inmediatamente la oposición a la dictadura es el movimiento estudiantil, siendo violentamente reprimido y que estaba vinculado a la Ortodoxia. Este se basaba en tres premisas, instaurar las antiguas libertades democráticas, diferenciarse del Partido Auténtico, a fin de impedir que éste monopolizara la legitimación de la lucha antidictatorial, y la tercera, recurrir a la lucha armada a fin de secundar un eventual movimiento de masas.”
La clase obrera a partir de 1955 azuzada por la crisis azucarera será uno de los protagonistas centrales en la lucha contra la dictadura.
El fracaso del asalto al cuartel Moncada, el 26 de Julio de 1953, con el cual Fidel pretendía forzar una insurrección popular, es un hito que marca el inició de una oposición violenta y armada a la dictadura por parte de los estudiantes y la configuración de nuevos sectores políticos. La acción sobre el cuartel militar y su defensa en el juicio- cuyo alegato fue conocido como “La historia me absolverá”- hacen de Fidel Castro una figura popular. No está demás decir que los stalinistas cubanos en este casi se alinearon junto a batista, condenando a los atacantes del cuartel como “aventureros y provocadores burgueses”.
Paulatinamente la agitación proletaria comenzó a crecer, a esto se le sumó el estudiantado, cada uno fue radicalizando sus métodos. Ante esta insurrección popular, el Dictador buscó la única salida que puede tener el Capitalismo, la Represión. Así los trabajadores fueron superando las trabas burocráticas sindicales. En 1957 hubo una huelga general, producto del asesinato de Frank Pais, dirigente del M-26. La consecuencia inmediata fue la ruptura de ciertos sectores burgueses con el gobierno.
Durante ese año, Fidel iba conformando una base social en el movimiento campesino y formalizando políticas de alianza con otros sectores opositores al régimen.
A fines de 1958, las columnas del Ejército Rebelde dirigidas por el Che Guevara y Camilo Cienfuegos propinan una fuerte derrota al ejército Batistiano en el combate de Santa Clara, lo que acelera su descomposición. Un sector del generalato que intentaba buscar un acuerdo con los rebeldes busca una salida extrema, una junta militar. Esta maniobra es desarmada por la huelga de cinco días que posibilitó la entrada del Ejército Rebelde a la Habana y la posterior instauración del gobierno provisional de Manuel Urrutia. Fidel Castro, a los pocos meses, tuvo que reconocer el papel clave jugado por la clase obrera en ese momento: “Afirmarlo con toda la autoridad que nos da el haber sido actores en aquellas horas decisivas: fue la huelga general la que destruyó la última maniobra de los enemigos del pueblo; fue la huelga general la que nos entregó las fortalezas de la capital de la república; y fue la huelga general la que dio todo el poder a la revolución.”
La Revolución cubana y su Orden Social
En los primeros años de aquella insurrección que puso termino al régimen de Batista, nadie imaginaba que el proceso abierto iba a desembocar en la victoria de una revolución de obreros y campesinos. Nadie sospechaba que la histórica dominación del imperialismo yanqui sobre la isla iba a acabar por medio de la expropiación de la burguesía y los terratenientes, nacionalizando la industria y llevando a una radical reforma agraria. Fue al calor de la constitución de milicias armadas las que llevarían-luego de la aplastada intentona contrarrevolucionaria de Playa Girón- a Fidel Castro a declarar el 1º de mayo de 1962 el carácter socialista de la revolución. Este es el origen del primer Estado Obrero de América Latina.
Esta revolución Caribeña difundió su influencia rápidamente sobre multitudes de militantes e intelectuales, que vieron en la experiencia cubana y en los guerrilleros de Sierra Maestra una llama de esperanza y de voluntad militante que los llevó a incorporarse activamente en la lucha de la política de la época. Frente a un Stalinismo que desde Moscú preconizaba la colaboración con la burguesía (política de alianzas, frentes populares y sus derivados), que perseguía a los elementos revolucionarios del movimiento obrero y los condenaba a la marginalidad, cuyo conservadurismo se hacía asfixiante para todo aquel que quisiera luchar contra el orden social; la experiencia cubana se presentaba como una alternativa viable para la lucha revolucionaria. Frente al sonoro fracaso del nacionalismo burgués de la época, impotente y cobarde para enfrentar imperialismo, el grito de ¡Patria o Muerte! Del Ejército Rebelde aparecía como una genuina y valiente expresión de lucha contra la opresión imperialista.
Como toda revolución social, el debate sobre Cuba fue febril. Muchas fueron las lecturas que se hicieron a partir de esta gesta. Resalta sobre todas, la de quienes impactados por esta victoria de las masas y alentados por el curo político que toma Ernesto Che Guevara, identificaron la revolución con el aspecto militar de la lucha de la guerrilla. Consideraban este método la mejor vía para romper al reformismo imperante y desarrollar una estrategia para derrotar a los ejércitos burgueses. De esta forma de interpretar la revolución cubana se nutrirán esencialmente las distintas corrientes latinoamericanas que expresarán de forma difusa el llamado guevarismo. Buscando llevar adelante la vía armada. Concluyeron divorciando a una generación de militantes revolucionarios de la lucha de clases real, que en América latina y en el Cono Sur en particular, tuvo como epicentro a la clase obrera y las masas urbanas. La trágica derrota de estas experiencias puso en cuestión el militarismo y el voluntarismo con que se intentó propagar la lucha contra el imperialismo y la burguesía en nuestro continente.
Los cambios producidos en la revolución entre el ’59 y el ’62 dan paso a un nuevo tipo de bonapartismo SUI GENERIS, que transforma su contenido social al ritmo de la caída del viejo Estado burgués semicolonial y el nacimiento de un Estado obrero deformado. La definición de bonapartismo sui generis, había sido formulada por León Trotsky, sostenía lo siguiente: “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí va la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales al poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado (…) La ubicación del M26 con respecto a la clase obrera se ajusta a esta forma descrita por Trotsky. Recordemos que antes de la victoria sobre Batista, Fidel Castro establece sus acuerdos con la burguesía y la oposición política cubana en el Pacto de Caracas y busca establecer contactos dentro del movimiento obrero para utilizarlo como un auxiliar de la lucha antidictatorial. En un primer momento, al triunfo de la revolución, el M26 y el Ejército Rebelde se transforman en el árbitro de toda la situación, producto de la derrota de las viejas FFAA, intentando imponer este papel entre los distintos actores y buscando un equilibrio frente a los mismos. La ruptura con la burguesía lo obliga a recostarse sobre el apoyo popular dando origen a un gobierno obrero y campesino, que inicia un curso anticapitalista. A partir de ese segundo momento, la radicalización del proceso revolucionario lleva al nuevo gobierno a tomar la iniciativa como forma de expresar su control sobre la situación y dar un canal a las acciones. El M26, como fuerza política, adquiere transitoriamente un curso centrista. Se produce una transformación en su seno, mientras Fidel Castro busca que las masas no queden fuera de su control, los obreros campesinos ven en este movimiento el instrumento político desde donde empujar su revolución.
Es entonces un bonapartismo sui generis por expresar esta tendencia más general común a todos los gobiernos de jugar un rol de árbitro en los países semicoloniales entre el imperialismo y el proletariado y las clases explotadas. Ausente la burguesía nacional, queda recostado exclusivamente en las clases populares que vienen conquistando posiciones.
Al tratarse de un gobierno surgido de la revolución que avanza en el cambio del régimen de propiedad y el carácter del Estado, se produce un salto de calidad en la forma en que establece las condiciones de su arbitraje. Como dirigentes de una clase que no es la suya, Fidel Castro y el M26 ven cambiar la revolución que va dando origen a un Estado obrero. Su transformación en dirección de este proceso no implica un cambio en su carácter más general de bonapartista, sino en su contenido social y por ende en la naturaleza de las nuevas contradicciones que se le presentan- por un lado, la oposición, del imperialismo y la contrarrevolución interna, por el otro, las masas movilizadas y su propia ala izquierda dentro del M26, en el medio jugando un papel más preponderante y decisivo, la burocracia de Moscú y los Stalinistas cubanos-. Este bonapartismo va a ser una de las condiciones del carácter deformado del nuevo Estado, que luego del reflujo de la marea revolucionaria y el estrechamiento de la relación con Moscú- más allá de los vaivenes- van a permitir la stalinización del régimen político.
LA DIRECCIÓN DE LOS COMANDANTES
El desarrollo de la revolución se encontró con que cada paso adelante dado por las masas contra el imperialismo y la burguesía, se expresaba bajo la forma de un contragolpe del gobierno revolucionario, así las masas actuaban en auxilio de las medidas de Fidel. La relación establecida por la dirección con el pueblo era a través de los mítines masivos donde Fidel contenía su protagonismo, intentando de este modo subsumir su iniciativa. Pasando el momento más agudo de la revolución, Castro llama a la constitución del Partido Único de la Revolución como una forma de institucionalización del proceso liquidando la libertad de tendencias que había existido hasta entonces en el seno de las masas. Hecho esto se le impide a obreros y campesinos expresar autonomía frente a los comandantes, transformados por el discurso oficial, y luego por la mitología castrista en los portadores exclusivos de la revolución. Esta es la forma ideológica con que una nueva democracia gobernante expropia políticamente las conquistas del nuevo Estado por parte de las masas.
La alianza con el aparato Stalinista empuja a establecer una estrecha colaboración con las burguesías latinoamericanas. Esto no se hizo sin crisis, el mismo Guevara, que se oponía progresivamente a aspectos de la política de Moscú en cuanto a la economía y la coexistencia pacífica, es derrotado y sus partidarios silenciosamente desplazados de los puestos de mando del “Estado Obrero Deformado”.
Toda revolución social inaugura un período de transición donde la clase obrera y las masas expresan sus anhelos de libertad. La revolución socialista es un medio para conquistar mediante la dictadura proletaria un punto de partida a la transición al socialismo y una base de apoyo para la derrota del imperialismo y la revolución a escala mundial. La expropiación de la burguesía, la planificación y el monopolio del comercio exterior son condiciones necesarias pero no suficientes para este fin, mucho más en países de la periferia capitalista. La actividad consciente y autodeterminada de obreros y campesinos, su pleno dominio político y su autogobierno, es imprescindible para crear nuevas relaciones sociales libres e igualitarias, que preparen la abolición del Estado como institución de dominio, en una sociedad sin clases, el comunismo. Sin embargo, como transición, en todo Estado obrero conviven las tendencias del viejo orden y de nueva sociedad. Allí donde una burocracia impone sus designios se fortalecen las tendencias burguesas tanto al interior, como régimen de control social y de privilegio, como al exterior bajo la forma de abandono de la lucha de clases y la conciliación con los capitalistas. El curso que tomó la revolución cubana vuelve a confirmar esta tesis.
Tomado desde un punto de vista histórico la ausencia de un partido marxista revolucionario, anclado firmemente en la clase obrera, impidió que en la revolución cubana el proletariado impusiera su hegemonía como dirección del proceso, y que éste se expresara de forma autónoma en del desarrollo de los acontecimientos. El doble poder que se expresaran las milicias no bastó para que se construyera el nuevo Estado, tal como pudo ser en la experiencia de los soviets en los primeros años de la Revolución Rusa. Las masas fueron controladas por la dirección castrista antes de que éstas pudieran poner en pie sus propias organizaciones de autogobierno. La experiencia de los soviets no era ajena al proletariado cubano, habían sido parte de la revolución del ’33, donde la clase obrera alcanzó su punto más alto de subjetividad y llegó a disputar la hegemonía del movimiento antiimperialista.
Anteriormente
Las sucias garras del Stalinismo dejaron consecuencias en el movimiento obrero cubano. Esta clase llegó a la revolución sin haber construido un Estado mayor alternativo sobre el cual apoyarse para conquistar su independencia e imponer su hegemonía en el movimiento revolucionario.
La burocracia una vez erigida como poder intentó explicar la historia a través de una ideología donde las fuerzas propulsoras, los obreros y campesinos, hablan por boca de Fidel Castro, y el papel de las grandes masas de hombres y mujeres en el proceso histórico, es substituido por la iniciativa de los individuos que movidos por una voluntad de cambio, generaron las condiciones de la revolución cubana.
Esta revolución, como todo profundo proceso de transformación social “ha sido la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos. Y “Solo estudiando los procesos políticos sobre sus propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos políticos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, sino independiente, sí muy importante en este proceso. Sin una organización dirigente, la energía de las masas se dispararía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera, ni el pistón, sino el vapor”. Fue el protagonismo de las masas de trabajadores y campesinos que cambiaron el destino colonial de la isla. Esto fue así a lo largo de la historia moderna de Cuba. En forma permanente las masas intentaron doblegar la dominación imperialista y colonial a las que sometían las clases dominantes nativas. Guerra y revolución recorren cien años de historia cubana. Sin embargo, la historia oficial de la revolución del ’59, que da origen al primer Estado obrero deformado de América Latina y occidente, fue rescrita alrededor de una inversión del proceso revolucionario. El rol primordial que hace jugar a los caudillos de la revolución cubana, en particular Fidel Castro así como la transformación de Guevara en un icono, tiene el múltiple objetivo de identificar el interés de la revolución, es decir el interés con el nuevo Estado con el destino de sus dirigentes. Esta es una forma de reforzar la autoridad frente a cualquier cuestionamiento surgido de las entrañas del movimiento de masas que ponga en duda su poder ejercido con métodos bonapartistas. Otro aspecto velado de por la apariencia reside en no ahondar en las explicaciones teóricas y en los balances estratégicos sobre la revolución cubana y el papel de la misma en la lucha de clases latinoamericana e internacional.
Es una falsa conciencia construida, que surge para justificar el congelamiento de la revolución en los marcos de la isla y la burocratización del régimen cubano. Se trata entonces de desmitificar la historia revolucionaria cubana poniéndola sobre sus pies.
Características Económicas de la Revolución Cubana
A partir del triunfo de la Revolución en 1959, el país se concentró básicamente en defenderse de las agresiones imperialistas y de la contrarrevolución interna alentada por los primeros. En ese decenio, la economía creció muy lentamente.
Entre 1961 y 1965 el producto social global aumentó un promedio de solamente 1,9% anual. Entre 1966 y 1970 este ritmo de crecimiento se elevó al 3,9%; y en la etapa comprendida de 1971 a 1975 alcanzó más de 10.
En este período hubo una mayor estabilidad y por ello se logró ese crecimiento, sobre todo después de 1970, en que se alcanzó una mayor eficiencia en todos los frentes de la actividad económica.
Mantener ese ritmo de desarrollo de la economía, tropezaba con una dificultad objetiva, el consumo de cantidades crecientes de materias primas y recursos productivos importados excedía nuestra capacidad de importación. Se hizo imprescindible por lo tanto, ajustar el crecimiento económico a las posibilidades reales del país.
En algunas producciones, el crecimiento dependía de un mayor esfuerzo interno, pero en otras, los recursos externos eran imprescindibles para lograr un ascenso.
El incremento de las exportaciones y la disminución de las importaciones, se convirtió en una premisa fundamental de la economía.
La producción azucarera constituía nuestro principal renglón para la obtención de recursos, pero esta industria poseía un nivel muy bajo de mecanización y estaba sujeta, por otra parte, a los avatares del clima.
La tecnología procedente de la URSS era la única a la que teníamos posibilidades de acceso debido al bloqueo impuesto por los EE.UU. que traía como consecuencia que no obtuviéramos créditos en los organismos financieros internacionales por ellos controlados.
El desarrollo industrial, también tuvo que enfrentarse a otros obstáculos en este caso de carácter subjetivo. Los grandes monopolios se marcharon de Cuba, pero se llevaron consigo a los profesionales y técnicos más experimentados. El pueblo abruptamente tuvo que hacerse cargo de las funciones del Estado y la administración de todos los centros fundamentales de producción. Hombres humildes, en ocasiones con bajo nivel cultural, tenían que asumir las funciones de directores en talleres, fábricas, e incluso empresas.
Aunque modestamente, algunas ramas de la economía crecieron en este período,:
- Se duplicó la producción de níquel en las plantas existentes al triunfo de la Revolución.
- La refinación de petróleo se elevó de 3,6 millones en 1958, a 5,9 en 1975.
- La producción de lubricantes, creció de 6 mil a 135 mil toneladas.
- La generación de electricidad creció de 2 mil 550 millones de kilowatts-hora a 6 mil 500 millones.
- La producción mecánica se triplicó.
- La producción de acero, que había sido muy baja, se elevó de 24 mil a 240 mil toneladas, creció en 10 veces.
- Los fertilizantes crecieron de 195 mil toneladas en 1958 a un millón 2 mil en 1975.
- La elaboración de herbicidas, pasó de 120 toneladas en 1958, a 2 mil 800.
- La producción de papel y cartón aumentó 2,5 veces.
- La fabricación de envases de vidrio creció 2,9 veces.
- La confección de tejidos se incrementó dos veces y media.
- La producción de calzado creció casi tres veces.
- El cemento se elevó de 743 mil toneladas a 2 millones.
- La disponibilidad de harina de trigo se incrementó, de 190 mil toneladas a 510 mil. Se molieron 180 mil, de 73 mil toneladas que pasaban por este proceso en el país anteriormente.
- La producción de pastas alimenticias, de un estimado de 10 mil, aumentó a 50 mil.
- La de alimentos para niños, creció de 2 mil 832 toneladas en 1963, a 20 mil en 1975.
- La elaboración de helados se incrementó, de 2,3 millones de galones en 1958, a 16 millones en 1975. Más de 12 millones de galones de froten fueron producidos.
- En la de cervezas y maltas, de 14 millones de cajas, alcanzamos 30 millones.
- La captura de pescado se incrementó más de 6 veces.
- La superficie cultivada en 1975, duplicaba la de 1958.
- El número de tractores creció de 9 mil a 54 mil entre 1958 y 1975.
- La capacidad de agua embalsada, había pasado de 29 millones de metros cúbicos a 4 mil 400 millones.
- El área de riego, de 160 mil hectáreas alcanzó 580 mil.
- Las áreas sembradas de cítricos superaban nueve veces las existentes en 1958, y representaban, más de 100 mil hectáreas.
- La producción de huevos constituía 6 veces el nivel alcanzado antes de la Revolución.
- En carreteras y caminos, se construyeron 17 mil 59 kilómetros, 1,7 veces más que todo lo realizado en la etapa capitalista.
- El valor de las distintas producciones del sector de la construcción alcanzó en 1975, la cifra de mil 400 millones de pesos, más de tres veces el nivel que tenían en el año 1970, para un ritmo de crecimiento promedio superior al 25% anual, en este quinquenio.
- La Flota Mercante Cubana logró una capacidad, 9 veces mayor, a la que existía en 1958.
En todos estos años de Revolución, aunque se obtuvieron logros incuestionables en múltiples renglones económicos; que repercutieron directamente en el bienestar del pueblo y en la creación de toda una infraestructura económica; también se cometieron errores estratégicos como los que mencionaremos a continuación:
-Los recursos con que se contábamos no fueron utilizados al máximo.
-Los recursos materiales fueron gastados inadecuadamente.
-La gestión económica no fue todo lo eficiente que necesitábamos. Era necesaria una mayor preocupación por los costos.
-Los cuadros administrativos carecían de una adecuada conciencia económica.
-Se cometieron errores de idealismo y se desconocieron en muchos casos, las leyes económicas objetivas a que el país debió atenerse.
Al iniciar la construcción del socialismo, durante los primeros años de Revolución, coexistieron dos sistemas de dirección económica: el financiamiento presupuestario, que abarcaba la mayor parte de la industria, y el cálculo económico, que parcialmente se implantó en la agricultura, el comercio exterior y una parte menor de la industria.
El sistema de financiamiento presupuestario fue impulsado por el Che, y constituyó un importante esfuerzo por el establecimiento de la planificación centralizada. El mismo incluía también la elaboración de un sistema estadístico y de contabilidad, estructurado hasta la base. Ello permitió utilizar centralizadamente el escaso personal calificado y las técnicas modernas de control y administración existentes en esos primeros años.
Este sistema hacía énfasis especial en el control de los costos. Las unidades productivas con tecnología común se organizaron en empresas consolidadas, garantizando el control administrativo más estricto.
El sistema presupuestario de financiamiento llegó a un alto grado de centralización por lo que las palancas económicas estaban altamente restringidas, al igual que las relaciones mercantiles y el estímulo material.
La agricultura sin embargo, por su alto grado de dependencia de los factores naturales y climáticos, se vio obligada a otorgarles a los eslabones inferiores un mayor grado de autonomía.
Este fue uno de los motivos por los cuales se comenzó a establecer el sistema del cálculo económico en la agricultura, lo que implicaba un menor grado de centralización en este sector.
No obstante, en la agricultura había muy poco aseguramiento de los recursos productivos y eran necesarios constantes subsidios por parte del presupuesto estatal.
Por otra parte el control del banco era débil y en el otorgamiento de los créditos en general, procedían de forma automática. Además, no existían fondos de estimulación financiados a partir de los resultados de las actividades económicas de las granjas.
En definitiva el sistema de cálculo económico funcionaba de manera parcial y limitada.
No existía, por lo tanto, un sistema único de dirección para toda la economía y se tomó entonces la decisión de crear un nuevo procedimiento.
Se comenzó a aplicar una forma de dirección que se apartó del sistema de financiamiento presupuestario y del cálculo económico, acompañada por un nuevo sistema de registro económico, que fue precedido por la erradicación de las formas mercantiles y la supresión de los pagos y cobros entre las unidades del sector estatal.
Los procesos ya mencionados, se consideraban demasiado capitalistas, no se comprendía bien la necesidad de la permanencia de las formas de relaciones mercantiles entre las empresas del Estado. El presupuesto estatal se sustituyó por una asignación de recursos monetarios para el pago de salarios, y las relaciones de crédito y compraventa con el sector privado.
Surgió el Sistema de Dirección de la Economía. La inexperiencia en este tipo de relaciones económicas, unido a la difícil coyuntura producida por el bloqueo estadounidense al país, su permanente agresión y hostilidad, fueron elementos que incidieron en el desempeño de la economía cubana, junto a otros factores tanto internos como externos.
Paralelamente, desde el triunfo de la Revolución, se fue desarrollando una política de gratuidades que en varios aspectos fue indebida.
No se tuvo en cuenta la retribución con arreglo al trabajo. Se luchó por evitar el desempleo, surgieron condiciones favorables para la indisciplina laboral. Se trataron de atender las más urgentes necesidades sociales. El excedente de circulación monetaria era imposible de evitar en esas condiciones y creció notablemente durante esos años ante la escasez de ofertas de bienes y servicios.
Los métodos aplicados no contribuyeron a crear una conciencia económica. A fines de la década del 60, los estudios de economía en la Universidad de La Habana se habían reducido considerablemente, posteriormente fueron recuperándose.
Ya en la década del 1980, concretamente en 1986, se comenzó a desarrollar nacionalmente todo un proceso que llegó a todas las estructuras políticas, económicas y sociales del país y que se conoció con el nombre de "Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas".
En esta etapa se comenzaron a revisar los errores en la estrategia económica, entre los que se encontraban los suscitados con la aplicación el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía. A partir de ese momento, se fueron tomando medidas concretas en cada uno de los casos que fueron objeto de estudio y se cambiaron los métodos de dirección y de control.
Comenzaron a introducirse incentivos en la economía, así como nuevas formas de producción, buscando productividad y dinamismo en la gestión económica.
Surgieron nuevas concepciones de cierta autonomía empresarial, políticas de autofinanciamiento, elementos de descentralización en algunas actividades requeridas, y toda una serie de medidas encaminadas a lograr una mayor eficiencia y resultados productivos.
A partir de 1989, estando imbuido el país en este arduo proceso, se produjeron en el ámbito internacional acontecimientos trascendentales. La desintegración del campo socialista y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, así como la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica, incidieron de forma directa y abrupta en la economía nacional.
Cuba, que durante más de 30 años ante las condiciones impuestas por el bloqueo norteamericano había tenido que orientar, más del 85% de su comercio exterior hacia los países del campo socialista, se vio en la disyuntiva de comenzar una nueva y aún más difícil reorientación de su economía, bajo la multiplicada hostilidad de los Estados Unidos, sin mercados, sin financiamientos ni créditos de organismos internacionales, y a merced de las relaciones mercantiles internacionales.
A partir de ese momento, ante la aguda crisis económica el gobierno de Cuba, comienza a instrumentar una serie de medidas de índole económica y social que permitieran la supervivencia del país. Esta nueva etapa de la Revolución Cubana se conoce con el nombre de Período Especial.
Análisis de la Economía cubana del “Periodo Especial”
La visión oficialmente “optimista” del Gobierno cubano sostiene que lo peor de la crisis de los 90 ya quedó atrás. Las políticas de llamado “período especial”, basadas en la “apertura” económica, el libre curso del dólar, las reformas de mercado y las concesiones al capital extranjero, son presentadas como concesiones necesarias pero temporales, afirmándose al mismo tiempo que la “construcción del socialismo” es irrevocable”. La recuperación que siguió a los críticos años de 1992-94 es ofrecida como prueba del éxito y corrección de esta política y garantía de la supervivencia del “contra modelo” cubano.
Un pequeño país, débil y sometido al asedio imperialista, se verá obligado a hacer concesiones y maniobrar aprovechando las contradicciones del mercado mundial para sobrevivir. Sin embargo, lejos de ser una “alternativa razonable”, la orientación adoptada por Fidel y los dirigentes cubanos como respuesta a las crisis de los ’90 está socavando gravemente las bases fundamentales de la economía nacionalizada, alentando la formación de poderosas fuerzas precapitalistas en el interior de la isla y preparando nuevas crisis.
Los “amigos de Fidel” afirman que “no es hablar actualmente de transición al capitalismo en Cuba”. Partiendo de un ángulo opuesto, muchos cubanólogos dicen cosas similares: “En Cuba se lleva a cabo una transición social que en los últimos 3 ó 4 años ha acelerado su ritmo de manera notable, después de tener un comienzo muy lento a inicios de la década del 90. Pero aún así no es suficiente para que permita, en un breve plazo, abrir el camino a la democracia”. Hay un grano de verdad: Cuba no ha dejado de ser todavía un Estado Obrero. Pero el hecho es que la política de reformas de los dirigentes cubanos lleva a la descomposición de la economía nacionalizada y alimenta a poderosas tendencias precapitalistas que amenazan con volverse incontrolables y llevar a la ruina a la Revolución Cubana. Lo que está en juego precisamente es si se preservarán las conquistas fundamentales de la revolución, las que proporcionan la base elemental en la transición al socialismo; o si Cuba correrá la misma suerte que la antigua URSS o China, es decir, si será conducida al despeñadero de la descomposición y la restauración capitalista.
Bibliografía
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Gérard Pierre-Charles, Génesis de la Revolución Cubana, Siglo XXI, México 1991.
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Fernando Mires, “Cuba entre Martí y las Montañas”, La Rebelión permanente, las revoluciones sociales en América latina, siglo XXI, México, 1998.
León Trotsky, “la industria nacionalizada y el control obrero”, Escritos Latinoamericanos CEIP, Bs. Ar. 1999
Rafael Hernández,”El Ruido y las Nueces: hacia un ciclo de baja intensidad en la política cubana de EEUU”,Cuadernos de América, Vol. V, Nº 11, Cuba, Julio-Diciembre de 1988.
Patricia Jiménez y otros, Historia Universal, Editorial Santillana, Chile, 1996.
León Trotsky, “Revolución Permanente”, Escritos CEIP, Bs. Ar., 1999

berkys dijo
ninguno
26 Abril 2006 | 05:29 AM